2.Llegada y construcción del totalitarismo nazi
La crisis económica de 1929 pasó una considerable factura a Alemania ya que el desorden político, económico y social hizo que las posturas de los alemanes se radicalizaran y percibieran el nacionalsocialismo como una esperanza. La crisis había permeado en la población con el aumento de un malestar social que favoreció a los nazis en la creación y difusión de un discurso radical. Pero además de esto, el avance de los comunistas era percibido como una amenaza, por lo que en las elecciones de 1932, fueron elegidos 196 diputados nazis frente 100 diputados comunistas. El apoyo de las fuerzas conservadoras a Hitler no se hizo tardar ante la influencia de los comunistas nombrándolo canciller en 1933, en un gobierno de coalición, en el que considerarían a Hitler como una figura transitoria. Éste juró la Constitución de Weimar, pero su intención era acabar con la democracia parlamentaria.
El apoyo social que obtuvo el nazismo hay que buscarlo en el apoyo que hallaron entre las clases medias, los campesinos arruinados y los obreros desesperados ante la miseria y el paro. Por otro lado, su nacionalismo radical les hizo ganar adeptos entre los sectores más conservadores como militares, antiguos combatientes y, la burguesía, que ansiaba un poder fuerte. Otro de los elementos aglutinadores fue su exacerbado anticomunismo, siendo percibido Hitler y los nazis como el arma más eficaz frente al comunismo. Evidentemente, las grandes industrias y finanzas habían financiado en los últimos años a los nazis, con lo que contaron con el apoyo de empresarios como los Thyssen, Krupp, etc.
En el programa del NSDAP aparecía claramente poner fin a la democracia parlamentaria y, efectivamente, una vez llegados al poder, Hitler comenzó con la construcción del Estado totalitario, en el momento en que el presidente Hindenburg (veterano de guerra) le dio permiso para disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones que se fijaron para el 5 de marzo de 1933. Inmediatamente se hizo un decreto que prohibía a la prensa hacer oposición, además de perseguir a grupos opositores. Obviamente las persecuciones se multiplicaban mientras las SA sembraban el terror en las calles contra opositores. En este contexto, se produjo el incendio del Reichstag, en el que se inculpó a los comunistas, sirviendo como excusa para suprimir las libertades individuales, el control judicial sobre las detenciones y, los derechos civiles, restableciendo la pena de muerte. En estas elecciones el Partido Nazi obtuvo un 43% de votos, frente a la izquierda (comunistas y socialistas) un 30%. De ahí que tuvieran que solicitar el apoyo del Zentrum Católico para que el Parlamento le concediese plenos poderes y la facultad de promulgar leyes sin necesidad de trámites. La concentración de poderes en manos de Hitler se completó cuando, en agosto de 1934, después de la muerte de Hindenburg, acumuló las funciones de canciller y presidente, proclamándose Führer y canciller del Reich: Reichführer.
En pocos meses los nazis habían transformado Alemania en un régimen totalitario en el que controlaban las instituciones, la sociedad y los individuos. Fueron suspendidas la libertad política, las libertades individuales, autorizando únicamente al NSDAP, en el ámbito político, mientras que en el mundo laboral fueron ilegalizadas las huelgas y los sindicatos, dejando solo el sindicato nazi Frente del Trabajo Nacionalsocialista.
Además, la Administración pública fue depurada con una ley que autorizaba el despido por razones políticas y raciales. La judicatura desapareció como poder independiente y quedó sometida a la voluntad del Partido al tiempo que se formaban unos tribunales excepcionales para delitos políticos. Además se produjo un proceso de centralización administrativa y política en el que los diversos Estados (Länder) fueron suprimidos, llegándose a identificar Partido y Estado, constituyéndose como un Estado unitario y centralizado. Así pues, los altos cargos del Estado eran cercanos al círculo de Hitler, dándose una verdadera lucha por ministerios para ganar influencia y poder en la gestión del régimen. La policía sería sustituida por organizaciones paramilitares nazis, las SS, además de la creación de la Gestapo (la policía política secreta), dirigida por Himmler, en el que ejercía la represión de la oposición, así como el control de la opinión pública. Además, desde 1933 se abrieron los primeros campos de concentración en las que se recluían a opositores, obligados a trabajos forzados.
Sin embargo, Hitler no tenía el control total del Partido, ya que las SA, las fuerzas paramilitares dirigidas por Ernst Röhm mantenían diferencias políticas con la gestión del Führer por el abandono de las premisas anticapitalistas del partido. El abandono de estas ideas conllevó al asesinato de los dirigentes de las SA en la que se conoce como la Noche de los Cuchillos Largos. A modo de anécdota los asesinados cuando los iban a matar gritaban: "Heil Hitler", paradójico puesto que fue Hitler quien los mandó a ejecutar. A partir de este momento, el control de Hitler y del Partido fue absoluto.
Lugar de intercambio con alumnos de Alejandro García Vera, profesor de Geografía e Historia. Noticias, apuntes, tareas y demás sugerencias para todos
jueves, 17 de mayo de 2012
miércoles, 16 de mayo de 2012
Comentario Fasci di Combattimento
Programa de San Sepolcro
¡Italianos!
He aquí, el programa de un
movimiento puramente italiano.
Revolucionario por ser anti
dogmático y anti demagógico; fuertemente innovador por ser anti-prejuicioso.
Nosotros ponemos la valorización de
la guerra revolucionaria por encima de todo y de todos.
Los otros problemas: burocracia,
administración, jurídicos, escolares, coloniales, etc. Los delinearemos cuando
organicemos la clase dirigente.
Por esto: NOSOTROS QUEREMOS:
Para el problema político:
- El sufragio universal con
escrutinio de listas regionales con una representación proporcional, el derecho de voto y que puedan ser elegidas las
mujeres.
- La disminución de la edad
mínima a 18 años y la de los diputados, a 25 años.
- La abolición del Senado.
- La convocatoria de una Asamblea
nacional por un plazo de tres años, cuya primera tarea será la de
establecer la forma constitucional del Estado.
- La formación de un Consejo
Nacional de trabajadores técnicos, de la industria, del transporte, la
higiene social, de las comunicaciones etc. Electo por la colectividad
profesional o por ocupación, con poderes legislativos y derecho de elegir
un comisario general con poderes de Ministro.
Para el problema social: NOSOTROS
QUEREMOS:
- La promulgación de una ley de
Estado que dé a todos los trabajadores una jornada legal de ocho horas de
trabajo.
- Salarios mínimos.
- La participación de los
representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de las
industrias.
- La administración de las
industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias
(cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente).
- La rápida y completa
sistematización de los servicios ferroviarios y todas las compañías del
transporte.
- Una modificación necesaria del
proyecto de ley de seguridad de invalidez y de jubilación, en que se disminuya el límite
de edad propuesto de 65 a 55 años.
Para el problema militar: NOSOTROS
QUEREMOS:
- La creación de una milicia nacional con breves periodos de instrucción con
un rol defensivo.
- La nacionalización de todas las
fábricas de armas o explosivos.
- Una política exterior nacional
que sea puesta en valorización, en concordancia con la competencia
pacífica de las civilizaciones, de la nación italiana en el mundo.
Para el problema financiero:
NOSOTROS QUEREMOS:
- Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter
progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas.
- La confiscación de todos los
bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todas las bulas
episcopales que constituyen una enorme responsabilidad para la Nación y un
privilegio para unos pocos.
- La revisión de todos los
contratos de suministro en la guerra y el secuestro del 85% de las
ganancias por la guerra.
Il Popolo d'Italia, 6 de Junio de
1919
Alemania Nazi
1. La República de Weimar y la formación del nazismo
La abdicación en 1918 del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación de la República en Weimar, que tuvo que asumir la derrota militar y las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores. La nueva Repúbica se basó en el liberalismo parlamentario basado en una Constitución ampliamente democrática. Sin embargo, en sus primeros años, la República tuvo que hacer frente a los intentos insurreccionales tanto de la derecha como de la izquiera, que deseaban acabar con el régimen. En 1919 se produjo el levantamiento de la Liga Esparaquista (la facción comunista de Alemania) que pretendían proclamar un gobierno de consejos obreros según el modelo soviético. El levantamiento fue duramente reprimido por grupos paramilitares, los "Freikorps", financiados por el gobierno socialista, de ahí el rechazo que mantendrían los comunistas hacia la República.
Por otro lado, a partir de 1920, se vio el auge de grupos nacionalistas radicales que acusaban al Gobierno de traición por haber firmado el armisitcio y haber aceptado las condiciones del Tratado de Versalles. Así pues, ocuparon Berlín contando con el apoyo de un sector del Ejército pero fracasó debido al estallido de una huelga general. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó el fracasado "Putsch de la cervecería" en Munich, contando con el apoyo de nacionalistas y algunos militares como el general Ludendorff.
La situación económica de Alemania era harto complicada ya que tenía que pagar las deudas de guerra y las fueretes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación y una espectacular depreciación del marco alemán. Las personas que vivía de capitales fijos se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, provocando con ello un aumento considerable del desempleo. La crisis llegó a su culment en 1923 cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas de galas ocuparon el rico territorio minero del Ruhr como garantía del cobro. A partir de 1924 Alemania vivió un periodo de estabilidad económica hasta la crisis de 1929, que agravó la situación considerablemente aumentando el desempleo hasta los seis millones de parados en 1931.
Los partidos gubernamentales de la Coalición de Weimar (Zentrum Católico, SPD y Partido Demócrata) perdieron el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida, con lo que a partir de 1930, los diferentes gobiernos de coalición no tuvieron una mayoría suficiente en el Parlamento y se utilizó con demasiada frecuencia el recurso a disolverlo, lo que demuestra una debilidad parlamentaria.
En este contexto de crisis, el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) aumentó de una manera vertiginosa. Pero la historia del partido se había iniciado antes, en 1921 donde Hitler reunió bajo su mando a un pequeño grupo extremista, racista y agresivo, con eslóganes anticapitalistas. Organizaría el Partido dotándolo de un carácter violento con la creación de escuadrones paramilitares, las SA, que ejercían la amenaza y la coacción contra sus adversarios. También dio al partido un componente antisemita y adoptó los emblemas del fascismo italiano: saludo a la romana, camisa parda, etc.
Hitler sería reconocido como Führer (Jefe) del Partido, protagonizando en 1923 el intento de golpe de Estado contra la República de Weimar, siendo detenido y cumpliendo seis meses en prisión, donde escribiría su obra Mein Kampf (Mi Lucha), en la que exponía su pensamiento y programa político: desprecio por la democracia parlamentaria, odio al comunismo y, un nacionalismo radical con el liderezgo único para dirigir Alemania. Además de esto, defendía el antisemitismo y la superioridad de la raza aria con la necesidad de forjar un Gran Reich anexionando todos los territorios de población germánica, postulando la expasión territorial. Al salir de la prisión, su posición en el Partido se había reforzado, sin embargo, la situación económica del país entre 1924 y 1929 hizo perder terreno a los nazis, frenando considerablemente su activismo.
La abdicación en 1918 del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación de la República en Weimar, que tuvo que asumir la derrota militar y las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores. La nueva Repúbica se basó en el liberalismo parlamentario basado en una Constitución ampliamente democrática. Sin embargo, en sus primeros años, la República tuvo que hacer frente a los intentos insurreccionales tanto de la derecha como de la izquiera, que deseaban acabar con el régimen. En 1919 se produjo el levantamiento de la Liga Esparaquista (la facción comunista de Alemania) que pretendían proclamar un gobierno de consejos obreros según el modelo soviético. El levantamiento fue duramente reprimido por grupos paramilitares, los "Freikorps", financiados por el gobierno socialista, de ahí el rechazo que mantendrían los comunistas hacia la República.
Por otro lado, a partir de 1920, se vio el auge de grupos nacionalistas radicales que acusaban al Gobierno de traición por haber firmado el armisitcio y haber aceptado las condiciones del Tratado de Versalles. Así pues, ocuparon Berlín contando con el apoyo de un sector del Ejército pero fracasó debido al estallido de una huelga general. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó el fracasado "Putsch de la cervecería" en Munich, contando con el apoyo de nacionalistas y algunos militares como el general Ludendorff.
La situación económica de Alemania era harto complicada ya que tenía que pagar las deudas de guerra y las fueretes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación y una espectacular depreciación del marco alemán. Las personas que vivía de capitales fijos se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, provocando con ello un aumento considerable del desempleo. La crisis llegó a su culment en 1923 cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas de galas ocuparon el rico territorio minero del Ruhr como garantía del cobro. A partir de 1924 Alemania vivió un periodo de estabilidad económica hasta la crisis de 1929, que agravó la situación considerablemente aumentando el desempleo hasta los seis millones de parados en 1931.
Los partidos gubernamentales de la Coalición de Weimar (Zentrum Católico, SPD y Partido Demócrata) perdieron el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida, con lo que a partir de 1930, los diferentes gobiernos de coalición no tuvieron una mayoría suficiente en el Parlamento y se utilizó con demasiada frecuencia el recurso a disolverlo, lo que demuestra una debilidad parlamentaria.
En este contexto de crisis, el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) aumentó de una manera vertiginosa. Pero la historia del partido se había iniciado antes, en 1921 donde Hitler reunió bajo su mando a un pequeño grupo extremista, racista y agresivo, con eslóganes anticapitalistas. Organizaría el Partido dotándolo de un carácter violento con la creación de escuadrones paramilitares, las SA, que ejercían la amenaza y la coacción contra sus adversarios. También dio al partido un componente antisemita y adoptó los emblemas del fascismo italiano: saludo a la romana, camisa parda, etc.
Hitler sería reconocido como Führer (Jefe) del Partido, protagonizando en 1923 el intento de golpe de Estado contra la República de Weimar, siendo detenido y cumpliendo seis meses en prisión, donde escribiría su obra Mein Kampf (Mi Lucha), en la que exponía su pensamiento y programa político: desprecio por la democracia parlamentaria, odio al comunismo y, un nacionalismo radical con el liderezgo único para dirigir Alemania. Además de esto, defendía el antisemitismo y la superioridad de la raza aria con la necesidad de forjar un Gran Reich anexionando todos los territorios de población germánica, postulando la expasión territorial. Al salir de la prisión, su posición en el Partido se había reforzado, sin embargo, la situación económica del país entre 1924 y 1929 hizo perder terreno a los nazis, frenando considerablemente su activismo.
lunes, 14 de mayo de 2012
Italia Fascista (II)
3.La Marcha sobre Roma y la llegada al poder
El Partido Nacional Fascista demostró que contaba con una buena organización en la huelga de agosto de 1922, convocada por las fuerzas de izquierda. Los fascistas comunicaron al Gobierno que si no era capaz de impedirla ellos sustituirían al Estado. Los escuadristas mantuvieron en funcionamiento los servicios de correos, trenes y autobuses, y con su acción ganaron las simpatías de las clases medias.
Pero el golpe definitivo para hacerse con el poder llegó con la Marcha sobre Roma (8 de octubre de 1922). Los fascistas habían anunciado que si el gobierno era incapaz de restablecer el orden y la autoridad, ellos marcharían hacia la capital y reclamarían el poder. Miles de "camisas negras" habían ocupado los edificios públicos de ciudades del norte y, al tener mayor fuerza, se dispusieron a partir hacia Roma. El gobierno quiso proclamar el estado de excepción el 28 de octubre, pero el rey Víctor Manuel III se niega a firmar el decreto, con lo que el gobierno dimitió. Asumiendo la responsabilidad el rey pidió a Mussolini que formara un nuevo gobierno.
En el proceso de entrega del poder al fascismo, dos instituciones desarrollaron un papel decisivo, la Monarquía y el Ejército. El rey por su decisión de entregar el gobierno a Mussolini y los militares porque aconsejaron al rey que no pusiera al Ejército en la situación de tener que reprimir a los fascistas, ya que probablemente una parte de los mandos militares eran afines.
El establecimiento de la dictadura fascista fue el resultado de un proceso de restricción de las libertades que se llevó a cabo entre 1922 y 1924. Primero, un gobierno de coalición entre diferentes fuerzas políticas mantuvo formalmente la vida parlamentaria, con el apoyo de los grupos conservadores, así como la libertad política y sindical. El viraje definitivo hacia la dictadura tuvo lugar en 1924, a raíz del asesinato del diputado socialista Matteotti, que había denunciado los crímenes perpretados por las escuadras fascistas y el fraude con que el Partido Nacional Fascista había conseguido ganar las elecciones. Los fascistas estaban directamente implicados en el asesinato, y para no tener que enfrentarse a las críticas del Parlamento, Mussolini asumió plenos poderes e implantó una dictadura.
4. La dictadura fascista
A partir de 1925, Mussolini inició un proceso encaminado hacia la conversión de Italia en un régimen totalitario en el que el Estado y el Partido Fascista quedasen completamente identificados. El propio gobierno de Mussolini hizo una ley en la que le concedía todos los poderes a éste: nombrando y revocando a los ministros, legislando mediante decretos y, con un fuerte control del poder ejecutivo. En 1926, la Ley Rocco prohibió todos los partidos y sindicatos, a excepción de los fascistas, y en 1934 los sindicatos fueron integrados en 22 corporaciones, que también contaban con representación de las organizaciones patronales.
En 1928, el Parlamento pasó a depender del Gran Consejo Fascista encargado en última instancia de elegir a sus miembros y, sería sustituido en 1929 por un órgano consultivo formado por los dirigentes de las corporaciones fascistas: la Cámara de los Fasci y de las Corporaciones. Las autoridades provinciales y municipales eran nombradas directamente por el gobierno y elegidas entre los fascistas, y la administración política fue depurada de los elementos no adictos al régimen. Finalmente se creó la policía política, la OVRA (Organización de Vigilancia y Represión Antifascista) que perseguía a los opositores.
Otro de los éxitos inmediatos para los fines totalitarios del Mussolini, fueron los pactos con la Iglesia Católica. En 1929 firmaron los Pactos de Letrán, que supusieron el reinicio de las relaciones entre la iglesia de Roma y el Estado, después de la ruptura que se había producido en 1870. El papa Pío XI reconoció el reino de Italia y Roma su capital, mientras el estado italiano se comprometía a conceder al Vaticano una renta anual. A pesar de la oposición de ciertos sectores católicos, el apoyo del Papado al fascismo constituyó uno de los pilares de la dictadura fascista.
Otro elemento de popularidad para el fascismo fue su política exterior expansionista e imperialista, promoviendo la remilitarización y se inició un gran campaña de recuperación de los territorios irredentos (Trieste), de expansionismo colonial (Túnez y Albania, la guerra de ocupación de Etiopía en 1935) y, de reivindicaciones territoriales como Dalmacia, Córcega, etc.
5.Control económico y social
En el ámbito económico, el fascismo se caracterizó por un fuerte intervencionismo estatal, por el proteccionismo a la industria nacional y por la tendencia a la autarquía económica. En 1933 se creó el Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI) con la finalidad de ayudar a empresas con dificultades mediante la compra de sus acciones a los grandes bancos a través de empresas filiales públicas. De este modo, el Estado fue haciéndose con el control de sectores importantes de la economía (electricidad, siderurgia, construcción naval, química, etc.). Así pues se caracterizó por un fuerte intervencionismo económico, poseyendo el IRI en 1939 el 45% de las acciones cotizadas en Bolsa.
A raíz de la crisis de 1929, el Estado adoptó políticas proteccionistas y estableció un estricto control de los intercambios, autorizando solamente a aquellas importaciones consideradas indispensables. La política autárquica condujo a una cierta renovación de la industria nacional, pero, en contrapartida, generó una producción industrial de elevados costos y de baja calidad. Además, la orientación militarista de la industria distorsionó la producción y comportó el estancamiento de las industrias ligeras y de bienes de consumo. No obstante, el fascismo invirtió en obras públicas poniendo en marcha proyectos destinados a frenar el desempleo mediante la construcción de autopistas, desecación de marismas, etc., así como al diseño de un programa agrario para fomentar la producción un plan de incentivación de la natalidad.
El estrecho vínculo entre el sector privado y el estatal tuvo su principal beneficiario en la poderosa y reducida oligarquía, identificada políticamente con el Partido Nacional Fascista. En contrapartida, el nivel de vida de los italianos se situó por debajo del europeo, ya que los salarios reales disminuyeron y, el paro aumentó.
En lo que respecta a la sociedad, el fascismo pretendió controlar y dirigir toda la sociedad a base de estimular su afiliación al partido o a los sindicatos fascistas. Así para difundir y asegurar el futuro del régimen se creó la Opera Nazionale Balilla, en la que era obligatorio matricular a todos los niños hasta la edad adulta. Así como se creó una organización para el ocio y el tiempo libre en la Opera Nazionale Dopolavoro.
Pero el control fascista iba también hacia la educación en la que los maestros debían vestir la camisa negra y, los profesores de Universidad debían prestar juramento de fidelidad al régimen. El catolicismo fue declarado la religión oficial por lo que se prohibió el divorcio y, la enseñanza religiosa pasó a ser obligatoria en las escuelas. No hubo ningún ámbito que se escapara al fascismo, así como desde periódicos, libros, radio fueron controlados por los fascistas en su intento de controlar e impregnar los valores del fascismo en la vida pública y privada. Sin embargo, una consecuencia de la propaganda fue la creación de los medios de comunicación como la radio y, el cine, creándose en Roma, Cinecittà, como un impulso la producción cinematográfica italiana. Así pues, el fascismo se convirtió en un régimen donde impuso el control estricto de la vida privada y pública de los ciudadanos, llegando a lograr el consenso social en los años 30.
El Partido Nacional Fascista demostró que contaba con una buena organización en la huelga de agosto de 1922, convocada por las fuerzas de izquierda. Los fascistas comunicaron al Gobierno que si no era capaz de impedirla ellos sustituirían al Estado. Los escuadristas mantuvieron en funcionamiento los servicios de correos, trenes y autobuses, y con su acción ganaron las simpatías de las clases medias.
Pero el golpe definitivo para hacerse con el poder llegó con la Marcha sobre Roma (8 de octubre de 1922). Los fascistas habían anunciado que si el gobierno era incapaz de restablecer el orden y la autoridad, ellos marcharían hacia la capital y reclamarían el poder. Miles de "camisas negras" habían ocupado los edificios públicos de ciudades del norte y, al tener mayor fuerza, se dispusieron a partir hacia Roma. El gobierno quiso proclamar el estado de excepción el 28 de octubre, pero el rey Víctor Manuel III se niega a firmar el decreto, con lo que el gobierno dimitió. Asumiendo la responsabilidad el rey pidió a Mussolini que formara un nuevo gobierno.
En el proceso de entrega del poder al fascismo, dos instituciones desarrollaron un papel decisivo, la Monarquía y el Ejército. El rey por su decisión de entregar el gobierno a Mussolini y los militares porque aconsejaron al rey que no pusiera al Ejército en la situación de tener que reprimir a los fascistas, ya que probablemente una parte de los mandos militares eran afines.
El establecimiento de la dictadura fascista fue el resultado de un proceso de restricción de las libertades que se llevó a cabo entre 1922 y 1924. Primero, un gobierno de coalición entre diferentes fuerzas políticas mantuvo formalmente la vida parlamentaria, con el apoyo de los grupos conservadores, así como la libertad política y sindical. El viraje definitivo hacia la dictadura tuvo lugar en 1924, a raíz del asesinato del diputado socialista Matteotti, que había denunciado los crímenes perpretados por las escuadras fascistas y el fraude con que el Partido Nacional Fascista había conseguido ganar las elecciones. Los fascistas estaban directamente implicados en el asesinato, y para no tener que enfrentarse a las críticas del Parlamento, Mussolini asumió plenos poderes e implantó una dictadura.
4. La dictadura fascista
A partir de 1925, Mussolini inició un proceso encaminado hacia la conversión de Italia en un régimen totalitario en el que el Estado y el Partido Fascista quedasen completamente identificados. El propio gobierno de Mussolini hizo una ley en la que le concedía todos los poderes a éste: nombrando y revocando a los ministros, legislando mediante decretos y, con un fuerte control del poder ejecutivo. En 1926, la Ley Rocco prohibió todos los partidos y sindicatos, a excepción de los fascistas, y en 1934 los sindicatos fueron integrados en 22 corporaciones, que también contaban con representación de las organizaciones patronales.
En 1928, el Parlamento pasó a depender del Gran Consejo Fascista encargado en última instancia de elegir a sus miembros y, sería sustituido en 1929 por un órgano consultivo formado por los dirigentes de las corporaciones fascistas: la Cámara de los Fasci y de las Corporaciones. Las autoridades provinciales y municipales eran nombradas directamente por el gobierno y elegidas entre los fascistas, y la administración política fue depurada de los elementos no adictos al régimen. Finalmente se creó la policía política, la OVRA (Organización de Vigilancia y Represión Antifascista) que perseguía a los opositores.
Otro de los éxitos inmediatos para los fines totalitarios del Mussolini, fueron los pactos con la Iglesia Católica. En 1929 firmaron los Pactos de Letrán, que supusieron el reinicio de las relaciones entre la iglesia de Roma y el Estado, después de la ruptura que se había producido en 1870. El papa Pío XI reconoció el reino de Italia y Roma su capital, mientras el estado italiano se comprometía a conceder al Vaticano una renta anual. A pesar de la oposición de ciertos sectores católicos, el apoyo del Papado al fascismo constituyó uno de los pilares de la dictadura fascista.
Otro elemento de popularidad para el fascismo fue su política exterior expansionista e imperialista, promoviendo la remilitarización y se inició un gran campaña de recuperación de los territorios irredentos (Trieste), de expansionismo colonial (Túnez y Albania, la guerra de ocupación de Etiopía en 1935) y, de reivindicaciones territoriales como Dalmacia, Córcega, etc.
5.Control económico y social
En el ámbito económico, el fascismo se caracterizó por un fuerte intervencionismo estatal, por el proteccionismo a la industria nacional y por la tendencia a la autarquía económica. En 1933 se creó el Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI) con la finalidad de ayudar a empresas con dificultades mediante la compra de sus acciones a los grandes bancos a través de empresas filiales públicas. De este modo, el Estado fue haciéndose con el control de sectores importantes de la economía (electricidad, siderurgia, construcción naval, química, etc.). Así pues se caracterizó por un fuerte intervencionismo económico, poseyendo el IRI en 1939 el 45% de las acciones cotizadas en Bolsa.
A raíz de la crisis de 1929, el Estado adoptó políticas proteccionistas y estableció un estricto control de los intercambios, autorizando solamente a aquellas importaciones consideradas indispensables. La política autárquica condujo a una cierta renovación de la industria nacional, pero, en contrapartida, generó una producción industrial de elevados costos y de baja calidad. Además, la orientación militarista de la industria distorsionó la producción y comportó el estancamiento de las industrias ligeras y de bienes de consumo. No obstante, el fascismo invirtió en obras públicas poniendo en marcha proyectos destinados a frenar el desempleo mediante la construcción de autopistas, desecación de marismas, etc., así como al diseño de un programa agrario para fomentar la producción un plan de incentivación de la natalidad.
El estrecho vínculo entre el sector privado y el estatal tuvo su principal beneficiario en la poderosa y reducida oligarquía, identificada políticamente con el Partido Nacional Fascista. En contrapartida, el nivel de vida de los italianos se situó por debajo del europeo, ya que los salarios reales disminuyeron y, el paro aumentó.
En lo que respecta a la sociedad, el fascismo pretendió controlar y dirigir toda la sociedad a base de estimular su afiliación al partido o a los sindicatos fascistas. Así para difundir y asegurar el futuro del régimen se creó la Opera Nazionale Balilla, en la que era obligatorio matricular a todos los niños hasta la edad adulta. Así como se creó una organización para el ocio y el tiempo libre en la Opera Nazionale Dopolavoro.
Pero el control fascista iba también hacia la educación en la que los maestros debían vestir la camisa negra y, los profesores de Universidad debían prestar juramento de fidelidad al régimen. El catolicismo fue declarado la religión oficial por lo que se prohibió el divorcio y, la enseñanza religiosa pasó a ser obligatoria en las escuelas. No hubo ningún ámbito que se escapara al fascismo, así como desde periódicos, libros, radio fueron controlados por los fascistas en su intento de controlar e impregnar los valores del fascismo en la vida pública y privada. Sin embargo, una consecuencia de la propaganda fue la creación de los medios de comunicación como la radio y, el cine, creándose en Roma, Cinecittà, como un impulso la producción cinematográfica italiana. Así pues, el fascismo se convirtió en un régimen donde impuso el control estricto de la vida privada y pública de los ciudadanos, llegando a lograr el consenso social en los años 30.
Italia Fascista
1. Crisis de la posguerra
La primera guerra mundial había significado para Italia el empobrecimiento de las clases trabajadoras, que habían visto disminuir su poder adquisitivo al aumentar los precios de los bienes de consumo y, los salarios mantenerse inferiores respecto a 1913. El origen del movimiento huelguístico en Italia, además se inspiró en la revolución bolchevique de Rusia, que vio un ejemplo a seguir. Las huelgas se incrementaron y la ocupación de fábricas fue un hecho consumado, sobre todo en el norte de Italia;
mientras, en el campo se producía la ocupación de tierras de los grandes propietarios. Todos estos factores influyeron en la burguesía por el "miedo rojo" o, el temor a una revolución social que acabara con el orden existente. Las medidas que comenzaron a reclamar no solo fueron las de la represión de estos movimientos, sino soluciones mucho más estrictas.
En el ámbito político, la monarquía constitucional atravesaba una situación de fuerte inestabilidad y ningún partido conseguía obtener mayorías estables y gobiernos duraderos. Así pues, entre 1919 y 1922, se sucedieron cinco gobiernos diferentes. El régimen constitucional se apoyaba en la coalición de partidos liberales de centro, que comenzó a verse contestada por la presión del Partido Socialista, del recién escindido Partido Comunista de Antonio Gramsci en 1921 (que defendía las posturas maximalistas revolucionarias) y, por el Partido Popular, de inspiración católica y, que aunaba a los sectores antisocialistas.
A ello hay que sumar la oleada del nacionalismo exaltado, que había crecido durante la Primera Guerra Mundial y, que tomó impulso debido a la frustración de recuperar territorios irredentos que no se habían cumplido del todo. Los territorios irredentos eran aquellos que no habían sido anexionados a Italia durante la unificación del siglo XIX, como la costa de dálmata (actual Croacia), la ciudad del Fiume (Rijeka) que había quedado bajo control de la Sociedad de Naciones. Esto conllevó, a que un grupo de excombatientes (arditi) liderados por Gabrielle d'Annunzio ocuparan dicha ciudad, pero siendo obligados por el gobierno italiano a abandonarla por la fuerza, lo que generó una mayor frustración.
2. Formación del fascismo
En 1919, un ex militante del partido socialista, Benito Mussolini, había creado los Fasci di Combattimento, grupos de excombatientes de la Primera Guerra Mundial, sindicalistas revolucionarios, viejos anarquistas, nacionalistas, etc., en los que radicaba un programa populista y nacionalista. Pero en 1921 ante los acontecimientos nacionales, Mussolini transformó los Fasci en el Partido Nacional Fascista, presentándose como un instrumento y una fuerza capaz de detener al comunismo y su amenaza sobre Italia. El viejo programa de los Fasci di Combattimento cambió hacia un viraje más conservador y menos revolucionario, en el que se hacía una defensa de la propiedad privada, impregnado de un nacionalismo radical y de la defensa de un nacionalismo militarista en el exterior. El PNF adquirió una simbología propia: los fascistas adoptaron la camisa negra como uniforme y saludo a la romana con el brazo en alto.,
Sin embargo, las bases sociales del partido fueron variadas ya que se nutrieron de sectores de obreros descontentos con la situación política y social, pero sobre todo de la pequeña burguesía, atemorizada ante la crisis y el ascenso de las fuerzas revolucionarias obreras. El Partido fue pronto bien visto entre los industriales, grandes propietarios de tierras, sectores del ejército, o del propio gobierno, que lo consideraban como un instrumento para frenar el avance del comunismo. Este apoyo no tardó en darse desde la ayuda financiera de la Confindustria, la organización patronal de Italia.
Los squadristi (fascistas) protagonizaron numerosos actos de violencia social, contra políticos, ayuntamientos, periódicos, etc,. de izquierdas. Pretendían acallar toda forma de oposición atemorizando a la población a golpes, contando con la complicidad de la policía, que actuaba contra ellos sin contundencia, y de la justicia, que dictaba penas simbólicas para los escuadristas. En 1921 habían sido asesinadas unas 600 personas y, el PNF creció rápidamente en 1922 alcanzando los 700 mil afiliados.
La primera guerra mundial había significado para Italia el empobrecimiento de las clases trabajadoras, que habían visto disminuir su poder adquisitivo al aumentar los precios de los bienes de consumo y, los salarios mantenerse inferiores respecto a 1913. El origen del movimiento huelguístico en Italia, además se inspiró en la revolución bolchevique de Rusia, que vio un ejemplo a seguir. Las huelgas se incrementaron y la ocupación de fábricas fue un hecho consumado, sobre todo en el norte de Italia;
mientras, en el campo se producía la ocupación de tierras de los grandes propietarios. Todos estos factores influyeron en la burguesía por el "miedo rojo" o, el temor a una revolución social que acabara con el orden existente. Las medidas que comenzaron a reclamar no solo fueron las de la represión de estos movimientos, sino soluciones mucho más estrictas.
En el ámbito político, la monarquía constitucional atravesaba una situación de fuerte inestabilidad y ningún partido conseguía obtener mayorías estables y gobiernos duraderos. Así pues, entre 1919 y 1922, se sucedieron cinco gobiernos diferentes. El régimen constitucional se apoyaba en la coalición de partidos liberales de centro, que comenzó a verse contestada por la presión del Partido Socialista, del recién escindido Partido Comunista de Antonio Gramsci en 1921 (que defendía las posturas maximalistas revolucionarias) y, por el Partido Popular, de inspiración católica y, que aunaba a los sectores antisocialistas.
A ello hay que sumar la oleada del nacionalismo exaltado, que había crecido durante la Primera Guerra Mundial y, que tomó impulso debido a la frustración de recuperar territorios irredentos que no se habían cumplido del todo. Los territorios irredentos eran aquellos que no habían sido anexionados a Italia durante la unificación del siglo XIX, como la costa de dálmata (actual Croacia), la ciudad del Fiume (Rijeka) que había quedado bajo control de la Sociedad de Naciones. Esto conllevó, a que un grupo de excombatientes (arditi) liderados por Gabrielle d'Annunzio ocuparan dicha ciudad, pero siendo obligados por el gobierno italiano a abandonarla por la fuerza, lo que generó una mayor frustración.
2. Formación del fascismo
En 1919, un ex militante del partido socialista, Benito Mussolini, había creado los Fasci di Combattimento, grupos de excombatientes de la Primera Guerra Mundial, sindicalistas revolucionarios, viejos anarquistas, nacionalistas, etc., en los que radicaba un programa populista y nacionalista. Pero en 1921 ante los acontecimientos nacionales, Mussolini transformó los Fasci en el Partido Nacional Fascista, presentándose como un instrumento y una fuerza capaz de detener al comunismo y su amenaza sobre Italia. El viejo programa de los Fasci di Combattimento cambió hacia un viraje más conservador y menos revolucionario, en el que se hacía una defensa de la propiedad privada, impregnado de un nacionalismo radical y de la defensa de un nacionalismo militarista en el exterior. El PNF adquirió una simbología propia: los fascistas adoptaron la camisa negra como uniforme y saludo a la romana con el brazo en alto.,
Sin embargo, las bases sociales del partido fueron variadas ya que se nutrieron de sectores de obreros descontentos con la situación política y social, pero sobre todo de la pequeña burguesía, atemorizada ante la crisis y el ascenso de las fuerzas revolucionarias obreras. El Partido fue pronto bien visto entre los industriales, grandes propietarios de tierras, sectores del ejército, o del propio gobierno, que lo consideraban como un instrumento para frenar el avance del comunismo. Este apoyo no tardó en darse desde la ayuda financiera de la Confindustria, la organización patronal de Italia.
Los squadristi (fascistas) protagonizaron numerosos actos de violencia social, contra políticos, ayuntamientos, periódicos, etc,. de izquierdas. Pretendían acallar toda forma de oposición atemorizando a la población a golpes, contando con la complicidad de la policía, que actuaba contra ellos sin contundencia, y de la justicia, que dictaba penas simbólicas para los escuadristas. En 1921 habían sido asesinadas unas 600 personas y, el PNF creció rápidamente en 1922 alcanzando los 700 mil afiliados.
martes, 1 de mayo de 2012
Fascismos (II)
2. APOYOS E IDEAS
Surgidos de las crisis de las democracias liberales, así como del crack de 29, los fascismos europeos tuvieron un nexo de unión común a todos, es el rechazo a la democracia parlamentaria, así como un marcado anticomunismo y, un fuerte nacionalismo. Entre otras estas fueron las principales tendencias fascistas.
2.1. Características ideológicas del fascismo
- La creación de un Estado fuerte, lo que se conoce como el Estado totalitario en donde exista un control sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, tanto público como privado. En este Estado, el individuo queda supeditado a aquél y, niega cualquier tipo de igualdad entre ciudadanos, así como los principios del liberalismo, derechos individuales, libertad, democracia, etc.
- Eliminación de la oposición implantando la dictadura de un partido único. El partido era dirigido por un líder carismático, que se plasmaría en la implantación social de los partidos fascistas, dónde los ciudadanos seguían la obediencia del líder carismático, reforzando los conceptos de orden, autoridad, obediencia incondicional, etc.
- Nacionalismo exacerbado, expansionista que llevaron a los fascismos a plantearse constantemente en una situación de guerra. Además de esto, el nacionalismo más radicalizado los llevó a defender el racismo, justificando la dominación de los más fuertes sobre los más débiles, sobre todo en el caso alemán, donde el antisemitismo fue una de las políticas de mayor relevancia.
- El anticomunismo así como también un marcado anticapitalismo. El anticomunismo fue fundamental en los fascismos porque consideraban que la lucha de clases desgarraba a la nación y, la debilitaba. El anticapitalismo en principio fue más retórico que real, aunque rechazaban la concentración de la gran propiedad, así como el empobrecimiento de los obreros. De ahí que el fascismo se autoproclame como la "tercera vía", "nacionalsocialismo", para atraerse a las clases obreras y las clases medias ante el avance del capitalismo.
- El uso de la violencia, puesto que muchos de los fascistas lucharon en la primera guerra mundial, mantuvieron el ideal de combate por su nación, partido, líder, etc., contra sus enemigos políticos. Además de destacar otros valores irracionales como la fe, el culto al líder, como si de una religión política se tratara.
- Los fascismos no se conformaban con conquistar el poder y mantenerse, era preciso la movilización de las masas tanto en organizaciones del partido, como propias del Estado, ya sean milicias paramilitares, ocio, mítines, etc.
2.2. Apoyos sociales
Los fascismos lograron mayores apoyos donde lograron conquistar el poder como en Alemania e Italia, aunque no siempre fue un apoyo social amplio. En sus orígenes los fascismos eran grupos minúsculos que a medida que fueron conquistando espacios del poder, lograron recabar más apoyos. Los orígenes son variados ya que muchos de los primeros fascistas fueron excombatientes de la primera guerra mundial, jóvenes activistas y desilusionados con la democracia y con el orden existente.
A medida que fueron creciendo los movimientos fascistas, se unieron dos sectores sociales importantes, clases medias y clases obreras. En el caso de las clases medias dieron un importante apoyo al fascismo por el miedo al avance del comunismo y, también por el miedo a la proletarización. Por otro lado, las clases obreras dieron apoyo a los fascismos por la retórica anticapitalista utilizada y, su componente radical.
No obstante, los fascismos contaron también con el apoyo de las burguesías y terratenientes, que dieron apoyo económico para que combatieran contra a socialistas y comunistas. No siempre dieron todos su apoyo, pero una vez conquistado el poder por los fascistas lograron ganarse el apoyo del gran capitalismo favoreciendo a empresas nacionales frente a las extranjeras, además de desechar la retórica anticapitalista.
Por último, desde el propio Estado y algunas instituciones respaldaron las acciones de los fascistas. Los casos más significativos tanto el Ejército como la policía toleraban la violencia de los grupos paramilitares fascistas y, desde el propio sistema judicial, las penas eran menores que a los comunistas.
Surgidos de las crisis de las democracias liberales, así como del crack de 29, los fascismos europeos tuvieron un nexo de unión común a todos, es el rechazo a la democracia parlamentaria, así como un marcado anticomunismo y, un fuerte nacionalismo. Entre otras estas fueron las principales tendencias fascistas.
2.1. Características ideológicas del fascismo
- La creación de un Estado fuerte, lo que se conoce como el Estado totalitario en donde exista un control sobre todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, tanto público como privado. En este Estado, el individuo queda supeditado a aquél y, niega cualquier tipo de igualdad entre ciudadanos, así como los principios del liberalismo, derechos individuales, libertad, democracia, etc.
- Eliminación de la oposición implantando la dictadura de un partido único. El partido era dirigido por un líder carismático, que se plasmaría en la implantación social de los partidos fascistas, dónde los ciudadanos seguían la obediencia del líder carismático, reforzando los conceptos de orden, autoridad, obediencia incondicional, etc.
- Nacionalismo exacerbado, expansionista que llevaron a los fascismos a plantearse constantemente en una situación de guerra. Además de esto, el nacionalismo más radicalizado los llevó a defender el racismo, justificando la dominación de los más fuertes sobre los más débiles, sobre todo en el caso alemán, donde el antisemitismo fue una de las políticas de mayor relevancia.
- El anticomunismo así como también un marcado anticapitalismo. El anticomunismo fue fundamental en los fascismos porque consideraban que la lucha de clases desgarraba a la nación y, la debilitaba. El anticapitalismo en principio fue más retórico que real, aunque rechazaban la concentración de la gran propiedad, así como el empobrecimiento de los obreros. De ahí que el fascismo se autoproclame como la "tercera vía", "nacionalsocialismo", para atraerse a las clases obreras y las clases medias ante el avance del capitalismo.
- El uso de la violencia, puesto que muchos de los fascistas lucharon en la primera guerra mundial, mantuvieron el ideal de combate por su nación, partido, líder, etc., contra sus enemigos políticos. Además de destacar otros valores irracionales como la fe, el culto al líder, como si de una religión política se tratara.
- Los fascismos no se conformaban con conquistar el poder y mantenerse, era preciso la movilización de las masas tanto en organizaciones del partido, como propias del Estado, ya sean milicias paramilitares, ocio, mítines, etc.
2.2. Apoyos sociales
Los fascismos lograron mayores apoyos donde lograron conquistar el poder como en Alemania e Italia, aunque no siempre fue un apoyo social amplio. En sus orígenes los fascismos eran grupos minúsculos que a medida que fueron conquistando espacios del poder, lograron recabar más apoyos. Los orígenes son variados ya que muchos de los primeros fascistas fueron excombatientes de la primera guerra mundial, jóvenes activistas y desilusionados con la democracia y con el orden existente.
A medida que fueron creciendo los movimientos fascistas, se unieron dos sectores sociales importantes, clases medias y clases obreras. En el caso de las clases medias dieron un importante apoyo al fascismo por el miedo al avance del comunismo y, también por el miedo a la proletarización. Por otro lado, las clases obreras dieron apoyo a los fascismos por la retórica anticapitalista utilizada y, su componente radical.
No obstante, los fascismos contaron también con el apoyo de las burguesías y terratenientes, que dieron apoyo económico para que combatieran contra a socialistas y comunistas. No siempre dieron todos su apoyo, pero una vez conquistado el poder por los fascistas lograron ganarse el apoyo del gran capitalismo favoreciendo a empresas nacionales frente a las extranjeras, además de desechar la retórica anticapitalista.
Por último, desde el propio Estado y algunas instituciones respaldaron las acciones de los fascistas. Los casos más significativos tanto el Ejército como la policía toleraban la violencia de los grupos paramilitares fascistas y, desde el propio sistema judicial, las penas eran menores que a los comunistas.
lunes, 23 de abril de 2012
Fascismos (I)
I. LAS CRISIS DE LAS DEMOCRACIAS
En la Europa de entreguerras (1919 - 1939) existieron múltiples factores y acontecimientos que llevaron a las crisis de las democracias liberales y, al surgimiento de unos movimientos políticos nuevos: los fascismos. Pero no solo estos representaron una amenaza para las democracias, el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia (1917) hizo que creciera "el miedo rojo", es decir, a la extensión de una revolución comunista por toda Europa.
Así pues, tenemos por un lado, a organizaciones radicales de derecha, cuyos valores son un nacionalismo extremo, antidemocráticos y, muchos conservadores y, por otro, unos partidos comunistas que al calor del triunfo de la revolución rusa se dispusieron a trabajar en la batalla revolucionaria. Todo esto, en el contexto de la primera postguerra europea, que vivió unos convulsos años 20 y, que la crisis de 1929 agudizaría estos conflictos.
1.1. Contextualizando las crisis de las democracias
La derrota de los Imperios Centrales (Austria - Hungría, Alemania y Turquía) conllevó a la rápida expansión de regímenes democráticos en los nuevos países surgidos en Centroeuropa (Polonia, Checoslovaquia, etc.). Rápidamente se implantaron los derechos civiles de las democracias liberales, sufragio universal masculino y, en algunos casos femenino, surgimiento del pluripartidismo, etc.
Sin embargo, los distintos gobiernos democráticos no fueron capaces de resolver los grandes problemas políticos, sociales y económicos de este período, entre otras causas, por la escasa o nula tradición democrática de muchos países. De ahí, que la democracia liberal parlamentaria quedara desacreditada siendo considerada un sistema caduco, incapaz de resolver los graves problemas de la postguerra y, que abrazaran la idea de Estados autoritarios fuertes para afrontar los problemas.
Uno de estos problemas fue evitar el contagio revolucionario tras la creación de un régimen comunista en Rusia, así como de las distintas oleadas revolucionarias de Hungría, Alemania, además de las huelgas y las reivindicaciones obreras por toda Europa. Estando justificado pues, la creación de Estados autoritarios que lucharan contra la "amenaza bolchevique".
El otro gran problema surgió a finales de los años 20, más en concreto, con la crisis económica de 1929 al crecer vertiginosamente el paro, el empobrecimiento etc. Esto creó una nueva situación de tensión y una radicalización de las posturas políticas, que al final crearon una desconfianza hacia las democracias al ser ineficaces y, el anhelo de un Estado fuerte para salir de la crisis por parte de las clases medias y la burguesía. Así pues, los distintos fascismos lucharon contra "la amenaza bolchevique" con un nacionalismo agresivo, con la supresión de las democracias y, la implantación de la dictadura del partido único, consiguiendo el apoyo de las clases medias, temerosas ante la revolución.
1.2. El avance de las dictaduras
Las democracias subsistieron en los países donde había una mayor tradición liberal como Reino Unido, Francia, Suiza, Bélgica, Países Bajos, así como en los países escandinavos. No obstante en estos países surgieron también partidos de corte fascista pero que no llegaron a constituir una amenaza seria para la estabilidad política (Cruces de Fuego en Francia, Unión Británica de Fascistas, Partido Rexista belga, etc.)
Como medidas para frenar el avance de la crisis económica, el capitalismo se reformó y, el Estado tuvo un mayor papel protagonista (regulando el mercado financiero, estableciendo un salario mínimo, etc.), así como la introducción en el juego parlamentario de los partidos socialistas (consiguiendo así minimizar las posturas más radicales de los socialistas).
Para el resto de Europa, tanto en los países de Europa oriental, como los Balcanes y países mediterráneos con escasa tradición democrática, la crisis política y económica conllevó a la llegada del poder de Hitler a Alemania en 1933, así como la imposición de regímenes autoritarios en España, Portugal, Polonia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia, etc. En 1939 la mayoría de Estados europeos eran de corte autoritario, es decir, dictaduras de derechas, así como regímenes fascistizantes en Hungría, Austria, España y Rumanía, en los que las influencias fascistas habían calado más.
En la Europa de entreguerras (1919 - 1939) existieron múltiples factores y acontecimientos que llevaron a las crisis de las democracias liberales y, al surgimiento de unos movimientos políticos nuevos: los fascismos. Pero no solo estos representaron una amenaza para las democracias, el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia (1917) hizo que creciera "el miedo rojo", es decir, a la extensión de una revolución comunista por toda Europa.
Así pues, tenemos por un lado, a organizaciones radicales de derecha, cuyos valores son un nacionalismo extremo, antidemocráticos y, muchos conservadores y, por otro, unos partidos comunistas que al calor del triunfo de la revolución rusa se dispusieron a trabajar en la batalla revolucionaria. Todo esto, en el contexto de la primera postguerra europea, que vivió unos convulsos años 20 y, que la crisis de 1929 agudizaría estos conflictos.
1.1. Contextualizando las crisis de las democracias
La derrota de los Imperios Centrales (Austria - Hungría, Alemania y Turquía) conllevó a la rápida expansión de regímenes democráticos en los nuevos países surgidos en Centroeuropa (Polonia, Checoslovaquia, etc.). Rápidamente se implantaron los derechos civiles de las democracias liberales, sufragio universal masculino y, en algunos casos femenino, surgimiento del pluripartidismo, etc.
Sin embargo, los distintos gobiernos democráticos no fueron capaces de resolver los grandes problemas políticos, sociales y económicos de este período, entre otras causas, por la escasa o nula tradición democrática de muchos países. De ahí, que la democracia liberal parlamentaria quedara desacreditada siendo considerada un sistema caduco, incapaz de resolver los graves problemas de la postguerra y, que abrazaran la idea de Estados autoritarios fuertes para afrontar los problemas.
Uno de estos problemas fue evitar el contagio revolucionario tras la creación de un régimen comunista en Rusia, así como de las distintas oleadas revolucionarias de Hungría, Alemania, además de las huelgas y las reivindicaciones obreras por toda Europa. Estando justificado pues, la creación de Estados autoritarios que lucharan contra la "amenaza bolchevique".
El otro gran problema surgió a finales de los años 20, más en concreto, con la crisis económica de 1929 al crecer vertiginosamente el paro, el empobrecimiento etc. Esto creó una nueva situación de tensión y una radicalización de las posturas políticas, que al final crearon una desconfianza hacia las democracias al ser ineficaces y, el anhelo de un Estado fuerte para salir de la crisis por parte de las clases medias y la burguesía. Así pues, los distintos fascismos lucharon contra "la amenaza bolchevique" con un nacionalismo agresivo, con la supresión de las democracias y, la implantación de la dictadura del partido único, consiguiendo el apoyo de las clases medias, temerosas ante la revolución.
1.2. El avance de las dictaduras
Las democracias subsistieron en los países donde había una mayor tradición liberal como Reino Unido, Francia, Suiza, Bélgica, Países Bajos, así como en los países escandinavos. No obstante en estos países surgieron también partidos de corte fascista pero que no llegaron a constituir una amenaza seria para la estabilidad política (Cruces de Fuego en Francia, Unión Británica de Fascistas, Partido Rexista belga, etc.)
Como medidas para frenar el avance de la crisis económica, el capitalismo se reformó y, el Estado tuvo un mayor papel protagonista (regulando el mercado financiero, estableciendo un salario mínimo, etc.), así como la introducción en el juego parlamentario de los partidos socialistas (consiguiendo así minimizar las posturas más radicales de los socialistas).
Para el resto de Europa, tanto en los países de Europa oriental, como los Balcanes y países mediterráneos con escasa tradición democrática, la crisis política y económica conllevó a la llegada del poder de Hitler a Alemania en 1933, así como la imposición de regímenes autoritarios en España, Portugal, Polonia, Hungría, Rumanía, Yugoslavia, etc. En 1939 la mayoría de Estados europeos eran de corte autoritario, es decir, dictaduras de derechas, así como regímenes fascistizantes en Hungría, Austria, España y Rumanía, en los que las influencias fascistas habían calado más.
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