2. EL MUNDO COMO TARTA
El proceso de expansión europea se había iniciado en el siglo XVI, con la conquista de América. En ella se había implantado el colonialismo, pero que divergerá sustancialmente con el imperialismo del siglo XIX.
La primera gran diferencia es la ubicación en el espacio, mientras que el colonialismo de época moderna se encontraba básicamente en América, en la nueva etapa la ocupación se lleva a cabo en África, Asia y el Pacífico. Por otro lado, el colonialismo antiguo se había caracterizado por ser lugares de asentamientos, creándose sociedades similares a las europeas por parte de los emigrantes (potenciando la migración para la colonización y ocupación particular), mientras que el imperialismo se caracteriza por ocupar territorios, donde una pequeña minoría de europeos ejercerá el control político. Por último, las posesiones coloniales del período moderno dieron lugar a enfrentamientos menos frecuentes, mientras que el imperialismo del siglo XIX se presentó como una carrera militarista entre las diferentes potencias, dando lugar a numerosos conflictos; además de tener un objetivo claramente económico y político de los países industrializados.
África era un continente a fines del siglo XIX completamente desconocido para los europeos, existían una serie de colonias - factorías costeras, con el fin de intercambiar con las poblaciones locales o, de obtener esclavos. Así pues, en la segunda mitad del siglo, exploradores, aventureros y misioneros recorrieron África mediante expediciones, que posteriormente sirvieron como rutas de conquista y expansión. A partir de 1870 las expediciones fueron en aumento y, las potencias europeas se lanzaron a conquistar y colonizar el continente. Gran Bretaña y Francia fueron las potencias que fueron de avanzadilla.
Gran Bretaña intentaba crear una conexión de ferrocarril entre El Cairo - El Cabo para poder dominar el Índico, además de tener una vía de comunicación terrestre más económica. Obtuvo territorios con riquezas y materias primas como minerales (diamantes, oro, etc.), pero también sitios estratégicos como el territorio de Suez (donde construyeron el canal para conectar con el Índico).
Francia por otro lado pretendía ejercer un domino en el Norte de África y en la parte occidental del continente. La conquista de Argelia se había realizado en 1830, a partir de ahí, comenzó a dominar el norte (Marruecos y Túnez). Pero las pretensiones de otros países europeos iban en aumento y, el rey Leopoldo II de Bélgica dirigió y financió particularmente la exploración y conquista del Congo. Por último, comerciantes alemanes (que habían llegado tarde debido a su unificación reciente, 1871) se establecieron en el centro de África, convirtiéndose en una zona de conflicto entre las potencias europeas.
El año que marcó un antes y un después fue 1885, ya que se organizó la Conferencia de Berlín donde se llegaron a una serie de acuerdos por parte de las diferentes potencias europeas, sobre el reparto de África. La Conferencia fue realizada con el fin de que Alemania no tuviera desventaja con respecto a Gran Bretaña y Francia en el reparto del continente. El resultado fue la libre navegación por los ríos Níger y Congo; además del dominio efectivo de todo el territorio y la notificación diplomática al resto de potencias del establecimiento de una nueva colonia. Así como la prohibición de la esclavitud (sin embargo el trabajo forzado sería legalizado en 1892) y, el reconocimiento del "Estado Libre del Congo" como una colonia a título personal del rey de Bélgica, Leopoldo II.
A pesar de haberse realizado un reparto en África con la Conferencia de Berlín, existieron conflictos entre potencias imperialistas. Uno de los primeros conflictos fue por la colisión entre Gran Bretaña y Francia en Fachoda (1898). Este conflicto vino por intereses geoestratégicos ya que Gran Bretaña quería unir El Cairo con el El Cabo y, Francia llegar desde el Atlántico al Mar Rojo. El conflicto se solucionó mediante la vía diplomática, pero no obstante, estuvo a punto de que estallara una guerra entre ambos países.
Otro de los conflictos surgió en el sur de África, entre poblaciones europeas establecidas desde el siglo XVII y, los ingleses. Los holandeses se establecieron a lo largo de dicha centuria en la región del Cabo (conocidos como afrikaners que apoyarían el régimen del Apartheid en Sudáfrica); por otro lado los ingleses habían mantenido también ciertas colonias desde comienzos del siglo XIX. El conflicto se conoce como la "guerra de los boers" (1898 - 1902) que se inició por el descubrimiento de minas de oro y diamantes. La consecuencia fue la anexión de los territorios dominados por los boers, a la Unión Sudafricana (desde 1910).
Por último también surgieron enfrentamientos imperialistas en el Norte de África, concretamente, en Marruecos. Francia pretendía crear un protectorado en Marruecos, al que Alemania se oponía. La Conferencia de Algeciras (1906) determinó que el norte de Marruecos sería para España, y el resto para Francia. La rivalidad imperialista entre Francia y Alemania, sería determinante como causa a Primera Guerra Mundial. Los únicos países soberanos del continente fueron Liberia y, Abisinia (lo que se conoce por Etiopía).
2.2. La ocupación de Asia
También en Asia se produjo una penetración del imperialismo europeo (Francia, Gran Bretaña, Países Bajos, etc.), pero además aparecerían nuevas potencias como Estados Unidos, Japón y Rusia.
La colonización británica comenzó en la India, considerada la "Joya de la Corona". La penetración británica en la India había comenzado en el siglo XVIII a través de la Compañía Inglesa de Indias Orientales, con una serie de territorios como Bombay, Calcuta, etc. Apoyados por soldados indios del ejército británico, cipayos, iniciaron una serie de revueltas que, conllevó a la extinción de la Compañía y, al ejercicio del dominio directo por parte de la Corona Británica, a través de un virrey. Ante la expansión de Francia en Indochina, rivalizaron con ella por la zona de Birmania y, anexionándose ésta para garantizar así una mayor seguridad.
Asia fue una zona de verdadero interés para una potencia que no participó en el reparto de África, como fue Rusia. Este imperio se había venido extendiendo a lo largo del siglo XVII hacia Siberia. Con la construcción del Transiberiano (1890) la influencia rusa también se adentraría en la región de Manchuria (por la que se enfrentó a Japón en 1905). Pero además de esto, su rivalidad con Gran Bretaña venía por el control y la influencia de Persia (un reino independiente pero con intereses estratégicos y económicos).
El caso más paradigmático fue el del control de China, que no fue ocupada por ningún país, pero sin embargo, los europeos consiguieron una serie de ventajas. Desde mitad del siglo XIX los ingleses comerciaban con té y sedas a cambio de opio indio. El gobierno chino prohibió la venta del opio, mientras los ingleses continuaban vendiéndolo, lo que generó las guerras del Opio (1839 - 1842), siendo China derrotada. Las consecuencias de éstas fueron: por un lado China cedió Hong Kong a Gran Bretaña; por otro lado, se otorgaron una serie de enclaves en las que los comerciantes extranjeros podían establecer sus propias colonias (como Shangai y Cantón).
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX la dependencia de China iba en aumento, llegando a establecerse cinco zonas de influencia para las grandes potencias (estadounidenses, japoneses, alemanes, franceses y británicos), donde podían comerciar libremente y explotar recursos (minas y ferrocarriles). No obstante, ante la "invasión occidental", se generó un movimiento ultranacionalista radicales que llevaron a la "revuelta de los boxers" (1900 - 1901), fracasando y produciéndose un aumento de las concesiones a los extranjeros. En 1911 estallaría una revolución que proclamó la república y puso fin a la dinastía manchú, aunque esto no afecto en demasía a las potencias imperialistas.
A pesar de haberse realizado un reparto en África con la Conferencia de Berlín, existieron conflictos entre potencias imperialistas. Uno de los primeros conflictos fue por la colisión entre Gran Bretaña y Francia en Fachoda (1898). Este conflicto vino por intereses geoestratégicos ya que Gran Bretaña quería unir El Cairo con el El Cabo y, Francia llegar desde el Atlántico al Mar Rojo. El conflicto se solucionó mediante la vía diplomática, pero no obstante, estuvo a punto de que estallara una guerra entre ambos países.
Otro de los conflictos surgió en el sur de África, entre poblaciones europeas establecidas desde el siglo XVII y, los ingleses. Los holandeses se establecieron a lo largo de dicha centuria en la región del Cabo (conocidos como afrikaners que apoyarían el régimen del Apartheid en Sudáfrica); por otro lado los ingleses habían mantenido también ciertas colonias desde comienzos del siglo XIX. El conflicto se conoce como la "guerra de los boers" (1898 - 1902) que se inició por el descubrimiento de minas de oro y diamantes. La consecuencia fue la anexión de los territorios dominados por los boers, a la Unión Sudafricana (desde 1910).
Por último también surgieron enfrentamientos imperialistas en el Norte de África, concretamente, en Marruecos. Francia pretendía crear un protectorado en Marruecos, al que Alemania se oponía. La Conferencia de Algeciras (1906) determinó que el norte de Marruecos sería para España, y el resto para Francia. La rivalidad imperialista entre Francia y Alemania, sería determinante como causa a Primera Guerra Mundial. Los únicos países soberanos del continente fueron Liberia y, Abisinia (lo que se conoce por Etiopía).
2.2. La ocupación de Asia
También en Asia se produjo una penetración del imperialismo europeo (Francia, Gran Bretaña, Países Bajos, etc.), pero además aparecerían nuevas potencias como Estados Unidos, Japón y Rusia.
La colonización británica comenzó en la India, considerada la "Joya de la Corona". La penetración británica en la India había comenzado en el siglo XVIII a través de la Compañía Inglesa de Indias Orientales, con una serie de territorios como Bombay, Calcuta, etc. Apoyados por soldados indios del ejército británico, cipayos, iniciaron una serie de revueltas que, conllevó a la extinción de la Compañía y, al ejercicio del dominio directo por parte de la Corona Británica, a través de un virrey. Ante la expansión de Francia en Indochina, rivalizaron con ella por la zona de Birmania y, anexionándose ésta para garantizar así una mayor seguridad.
Asia fue una zona de verdadero interés para una potencia que no participó en el reparto de África, como fue Rusia. Este imperio se había venido extendiendo a lo largo del siglo XVII hacia Siberia. Con la construcción del Transiberiano (1890) la influencia rusa también se adentraría en la región de Manchuria (por la que se enfrentó a Japón en 1905). Pero además de esto, su rivalidad con Gran Bretaña venía por el control y la influencia de Persia (un reino independiente pero con intereses estratégicos y económicos).
El caso más paradigmático fue el del control de China, que no fue ocupada por ningún país, pero sin embargo, los europeos consiguieron una serie de ventajas. Desde mitad del siglo XIX los ingleses comerciaban con té y sedas a cambio de opio indio. El gobierno chino prohibió la venta del opio, mientras los ingleses continuaban vendiéndolo, lo que generó las guerras del Opio (1839 - 1842), siendo China derrotada. Las consecuencias de éstas fueron: por un lado China cedió Hong Kong a Gran Bretaña; por otro lado, se otorgaron una serie de enclaves en las que los comerciantes extranjeros podían establecer sus propias colonias (como Shangai y Cantón).
Sin embargo, a lo largo del siglo XIX la dependencia de China iba en aumento, llegando a establecerse cinco zonas de influencia para las grandes potencias (estadounidenses, japoneses, alemanes, franceses y británicos), donde podían comerciar libremente y explotar recursos (minas y ferrocarriles). No obstante, ante la "invasión occidental", se generó un movimiento ultranacionalista radicales que llevaron a la "revuelta de los boxers" (1900 - 1901), fracasando y produciéndose un aumento de las concesiones a los extranjeros. En 1911 estallaría una revolución que proclamó la república y puso fin a la dinastía manchú, aunque esto no afecto en demasía a las potencias imperialistas.






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