domingo, 29 de enero de 2012

IMPERIALISMO

Caricatura de 1895. Representa el reparto de China.
1. SUPERIORIDAD EUROPEA


En el último cuarto del siglo XIX los países del mundo occidental, se lanzaron a la conquista del mundo, conociéndose como el período del imperialismo. Las causas del imperialismo son varias y, sus consecuencias también.

El avance de la industrialización a lo largo del siglo XIX propiciado por la Segunda Revolución industrial, que conllevó al enorme desarrollo tecnológico de Europa, América del Norte y Japón, originaría la división en países que ha perdurado hasta nuestros días: países industrializados y los países no industrializados. A finales de dicha centuria, los primeros se impusieron sobre los segundos, quedaron bajo una dependencia directa o indirecta respecto a las potencias europeas. La "superioridad" técnica, económica, financiera impusieron en el mundo un nuevo orden de cosas. Su consecuencia más inmediata: la occidentalización del mundo.

A finales del siglo XIX, en la Europa industrializada una crisis económica que se iniciaría en 1873. Comenzó con una crisis agrícola, por la llegada del trigo a Europa procedente de Estados Unidos y de Rusia, que redujo los precios interiores del cereal y desencadenó un descenso de los precios (tanto las materias primas como productos agrícolas). Sin embargo, el descenso no estuvo acompañado, en principio, de una disminución de la producción, teniendo como consecuencia una crisis de superproducción en todos los sectores. Reservas de alimentos se acumularon, los precios bajaron aún más, disminuyendo los beneficios y aumentando la competencia, con lo que muchas industrias tuvieron que cerrar.

Para salir de esta crisis, el mundo industrial tuvo que renovar sus estructuras productivas con nuevas técnicas y la reorganización de las empresas, ampliando sus mercados. Muchos Estados europeos impusieron políticas proteccionistas en defensa de los mercados nacionales, por lo se hizo necesario recurrir a los países colonizados.

1.1. Causas económicas

La explicación económica del imperialismo es la más aceptada entre los historiadores, aunque es preciso señalar que el fenómeno no es ni mucho menos monocausal.

Sin embargo, en el último tercio del siglo XIX la industria llegó a un grado de crecimiento tal, que se hizo necesaria la búsqueda de nuevos mercados para sus productos, de materias primas abundantes y de nuevos espacios económicos donde hallar un mayor rendimiento a los capitales excedentes. Estas condiciones fueron perfectas en territorios lejanos, sin medios técnicos y demasiado frágiles para poder oponerse a las potencias europeas.

La causa del expansionismo europeo se llevó a cabo para la búsqueda de nuevos mercados tanto de recibir los productos de la metrópoli como de abastecer de materias primas para la industria (caucho, petróleo, etc.). La imposición de políticas proteccionistas en los países europeos hizo indispensable disponer de mercados y de recursos en otras zonas del mundo, como fueron territorios sin explotar como Asia, África u Oceanía.

Hay que tener en cuenta que la expansión del capitalismo financiero a finales del siglo XIX se encontraba en Europa con unas limitadas expectativas de beneficios en sus propios países, ya que los controles del mercado y de los precios por unas pocas empresas (oligopolio), hizo que no fuera rentable la reinversión de las ganancias en los mismos sectores y en los mismos mercados. Esta causa fue un aliciente suficiente para los capitalistas que buscaron otros lugares donde sus inversiones fueran más rentables, por la abundancia de materias primas y, por la mano de obra barata.

Contrariamente ha lo que se ha descrito arriba, excepto Gran Bretaña, la inversiones exteriores de capital de los países industrializados no se habían dirigido hacia estas nuevas áreas, lo que condujo a la ampliación del imperialismo. Las inversiones exteriores de los países industrializados se dirigieron hacia otros países industrializados o, en vías de ello, como Estados Unidos. Por otro lado, la mayoría del comercio exterior, tanto de productos industriales como agrarios, siguió siendo entre países industrializados.

Los grandes beneficiados del imperialismo fueron los sectores económicos que invirtieron en empresas coloniales mientras su contribución a sufragar los costes de la administración colonial fue muy reducida. Por el contrario, las clase medias contribuyeron a través de los impuestos a sufragar estos costes, aunque no obtuvieron los beneficios esperados.



Caricatura de Cecil Rhodes. El Coloso de África.



1.2. Causas políticas y demográficas


La expansión de la industrialización, del "progreso", provocó en los espíritus de la época el deseo de aumentar su poder político a escala internacional mediante la hegemonía colonial. El control de puertos estratégicos, rutas marítimas y terrestres fue una verdadera competición a nivel internacional, intentando obstaculizar a los diferentes competidores y, a aumentar su influencia en el contexto diplomático internacional. A ello fue unido, la consideración de las colonias como un factor estratégico para incrementar su poder militar a escala planetaria.

Otro de los factores de los que se sirvió el imperialismo, fue el problema de la "cuestión social", es decir, de las reivindicaciones de la clase obrera. La II Internacional había criticado el imperialismo por someter a pueblos nativos e indígenas para la explotación capitalista de su territorio. No obstante, el imperialismo era una manera de rivalizar con la lucha de clases, es decir, la pugna que se dio a finales del siglo XIX y comienzos del XX, entre la identidad nacional y la identidad de clases. Un texto significativo es el siguiente que pertenece a Cecil Rhodes:

Estaba ayer en el East End de Londres (barriada obrera) y asistí a una reunión de parados (...) y no se oía mas que un grito: "pan, pan". Reflexioné sobre lo ocurrido y me sentí todavía más convencido de la importancia del imperialismo (...). La idea que tengo representa la solución al problema social: para salvar a los cuarenta millones de habitantes del Reino Unido de una mortífera guerra civil, nosotros, los colonizadores, debemos conquistar nuevas tierras para instalar en ellas el excedente de nuestra población y dar salida a los productos de nuestras fábricas.
Carta de Cecil Rhodes, colonizador de África, 1895.


Contribuyó también a la expansión colonial el enorme crecimiento poblacional de Europa, la explosión blanca, que generó un importante flujo migratorio hacia nuevos territorios. Aunque en su mayoría la emigración acabó dirigiéndose a América, la opinión pública de la metrópolis era favorable a la expansión exterior como una forma de conquistar nuevos territorios como lugar de asentamiento de la población.









1.3. Causas ideológicas


Durante el siglo XIX se extendió el interés científico por explorar zonas del mundo hasta entonces desconocidas por los europeos. Durante la última mitad del siglo XIX se constituyeron sociedades científicas que organizaron expediciones geográficas y antropológicas para adentrarse en África, Asia, por parte de periodistas (Stanley), misioneros (Livingstone) o aventureros. Estas exploraciones sirvieron de ayuda a los futuros colonizadores para fines militares o económicos.

No se entendería el imperialismo sin conocer las concepciones racistas que defendían la superioridad de la raza blanca. A ello habían contribuido ciencias como la antropología y su adopción del darwinismo social, que planteaba "la supervivencia del más apto"; además del conde de Gobineau "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas"(1855). El racismo se consideró un dogma científico por las aportaciones de la biología, la antropología, etc., que perduró hasta bien entrado el siglo XX. Esta visión de las cosas justificó la expansión imperialista y, la creencia en la superioridad de Occidente sobre el resto del mundo (una creencia que pervive en nuestros días).

Por otro lado, la concepción racista vino acompañada de la exaltación de los nacionalismos de los grandes Estados imperialistas y coloniales, afirmando su superioridad mediante la expansión de la cultural, la educación, el progreso, la religión por todo el mundo. Las formas de nacionalismos más extremos fueron el chovinismo (nombre que se dio en Francia al patriotismo exagerado, que considera que el país al que pertenece e lo mejor del mundo); por otro lado el jingoísmo (nacionalismo británico exaltado, partidario de una expansión violenta sobre otras naciones, con un carácter racista que consideraba la superioridad de los británicos considerando que debían dominar a los pueblos inferiores).
Por último, el imperialismo fue defendido por su labor evangelizadora sobre pueblos primitivos, atrasados. Es una visión paternalista que atribuía a los colonizadores una misión importante, el educar a los pueblos primitivos, en palabras de Rudyard Kipling (El Libro de la Selva) "la responsabilidad del hombre blanco". Así pues, destacaron las actividades misioneras de las iglesias cristianas anglicana, católica y protestante que tenían argumento para poder desarrollar sus misiones.



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